lunes, septiembre 17, 2007

En el dique seco

Esto es lo que he estado viendo desde el día siete. No es que sea un mal cuadro, no es que sea una mala habitación, no se comía mal y el personal era de lo más solícito y simpático pero no estaba en la costa azul, ni era un apartamento cerca de alguna playa. Es la habitación del hospital donde he estado recluido, sólo podía salir a la sala de espera, que tenía una bonita planta:

Desde allí se veía el pueblo de Mortera, un pueblo que tuvo su encanto hace mucho tiempo, era uno de esos pueblecitos rurales, sin casas, todo verde, con un caserón que una vez perteneció a unos condes en cuya casa por casualidades que tiene la vida trabajo mi abuela cuando era niña, ahora es pasto de las grúas y del cemento, en breve no tendrá ni un gramo de verde, lo que hay al fondo y que no se puede apreciar es el mar Cantábrico.

Todo este tiempo sañaba que cogía ese tren y me iba a mi casa pero me ha costado lo mío recupararme, espero no volver en muchos años por allí.


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