miércoles, febrero 13, 2008

Caperucita Roja

CAPERUCITA ROJA O LA INOCENCIA TENTADORA

ALBERTO MANGUEL

Hay personajes cuyo nombre revela su color (Blancanieves), su habilidad (el Zorro), su tamaño (Pulgarcito). Otros, su vestimenta. Una suerte de capote color sangre define a la arriesgada niña que soñó Charles Perrault en 1695. Algo de inocente tentadora tiene esta criatura a la vez respetuosa y aventurera, algo sutilmente atractivo que hizo que Charles Dickens, ya adulto, confesara que Caperucita Roja había sido su primer amor. "Si sólo hubiese podido casarme con ella", escribió, "habría conocido la dicha perfecta".

(...) El final de Caperucita cambia según quien narra la historia. En la versión de Perrault, Caperucita es devorada sin que nadie la salve. Versiones posteriores, más piadosas, hacen aparecer a último momento a un heroico leñador que salva a la niña de las fauces de la bestia y, por medio de una suerte de operación cesárea, rescata a la abuela antes de ser digerida. Perrault pudorosamente no describe el momento en que Caperucita se acuesta con la falsa abuela, pero gracias a la moraleja con la que concluye el cuento, resulta claro qué tipo de lobo el poeta francés tenía en mente: "No todos los lobos son iguales", escribe. "Hay quienes con habilidad, sin tambores, sin rencor y sin enojos, muy reservados, complacientes y gentiles, persiguen a las señoritas hasta sus casas y también hasta sus propias camas. Pero ¡ay! ¡Quién ignora que estos lobos dulzarrones son, de todos los lobos, los más peligrosos!". (Todo el artículo)

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